
No es lo mismo creer en Dios que creerle a Dios
Puedes reconocer que Dios existe y, aun así, tener dificultad para confiar en lo que Él ha dicho.
Hay una diferencia profunda entre creer en Dios y creerle a Dios.
Creer en Dios puede significar reconocer que Él existe, aceptar que es real, saber cosas acerca de Él e incluso estar de acuerdo con muchas verdades bíblicas.
Pero creerle a Dios va mucho más allá.
Creerle significa confiar en lo que Él dice, descansar en Su carácter y decidir vivir conforme a Su Palabra, incluso cuando nuestras circunstancias parecen decir exactamente lo contrario.
“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”
Santiago 2:19
Esta declaración de Santiago es fuerte porque nos muestra algo importante: reconocer la existencia de Dios no es necesariamente lo mismo que confiar en Él.
Los demonios saben que Dios existe. Saben quién es Jesús. Conocen Su autoridad. Pero ese conocimiento no produce en ellos una relación de confianza, obediencia y rendición.
Por eso, tal vez la pregunta no debería ser solamente:
“¿Creo en Dios?”
Sino: “¿Le creo a Dios?”
Creerle a Dios es confiar en Su Palabra
Abraham es uno de los ejemplos más claros.
Dios le había prometido descendencia cuando humanamente la situación parecía imposible. Abraham podía mirar su edad, la edad de Sara y todas las circunstancias alrededor de él y concluir que aquello simplemente no podía suceder.
Sin embargo, Pablo describe su actitud de esta manera:
“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.”
Romanos 4:20-21
Abraham no solamente creía en Dios.
Abraham le creyó a Dios.
Creerle a Dios es llegar al punto en que Su Palabra tiene más peso que nuestras circunstancias.
La circunstancia puede decir: “No se puede.”
El miedo puede decir: “No va a funcionar.”
La experiencia puede decir: “Ya lo intentaste antes.”
Pero Dios puede decir: “Confía en mí.”
Y la fe decide qué voz tendrá la última palabra.
Creerle a Dios también implica obedecer
Pedro vivió algo parecido.
Había trabajado toda la noche intentando pescar y no había conseguido nada. Él conocía el lago, conocía su oficio y tenía razones suficientes para pensar que volver a intentarlo no tenía sentido.
Entonces Jesús le pidió que echara nuevamente las redes.
“Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.”
Lucas 5:5
Hay una frase extraordinaria en la respuesta de Pedro:
“En tu palabra...”
Pedro básicamente estaba diciendo:
“Lo que yo veo me dice una cosa, pero como Tú lo dijiste, voy a actuar conforme a Tu palabra.”
Ahí encontramos otra diferencia importante:
Creer en Dios puede quedarse en una idea.
Creerle a Dios produce obediencia.
Podemos creer en Dios y vivir como si no le creyéramos
Esta es probablemente la parte más incómoda.
Podemos asistir a la iglesia, conocer versículos, cantar canciones, escuchar predicaciones y afirmar sinceramente que creemos en Dios...
pero nuestras decisiones pueden mostrar que todavía tenemos dificultad para creerle.
Decimos:
“Creo que Dios provee.”
Pero vivimos consumidos por la preocupación.
“Creo que Dios me perdonó.”
Pero seguimos castigándonos por nuestro pasado.
“Creo que Dios tiene propósito para mi vida.”
Pero permitimos que nuestros fracasos definan nuestro futuro.
“Creo que Dios está conmigo.”
Pero frente a una dificultad sentimos que estamos completamente solos.
“Creo que Dios tiene el control.”
Pero queremos controlar cada detalle porque tenemos miedo de lo que podría suceder.
Quizá nuestro problema no sea que dejamos de creer en Dios.
Quizá simplemente dejamos de creerle a Dios.
Creerle no significa que siempre entenderemos
Confiar en Dios no significa que tendremos todas las respuestas.
Habrá temporadas en las que entenderemos claramente lo que Él está haciendo. Pero habrá otras en las que tendremos muchas preguntas.
Por eso la Escritura dice:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:5-6
A veces nuestra dificultad no está en que Dios no haya hablado.
Nuestra dificultad está en que queremos entender completamente antes de obedecer.
Pero la fe bíblica muchas veces funciona al revés:
Primero confiamos.
Luego caminamos.
Y muchas veces entendemos mientras avanzamos.
La fe no ignora la realidad
Creerle a Dios no significa negar nuestros problemas.
La fe no dice que la enfermedad no existe, que la crisis no duele, que la pérdida no afecta o que las dificultades son imaginarias.
La fe mira la realidad de frente, pero reconoce que la realidad visible no es necesariamente toda la historia.
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
Hebreos 11:1
Creerle a Dios significa poder decir:
“Todavía no lo veo, pero te creo.”
“No entiendo cómo sucederá, pero te creo.”
“Mis circunstancias no han cambiado, pero te creo.”
“No conozco el siguiente paso, pero confío en Ti.”
“No tengo todas las respuestas, pero conozco Tu carácter.”
El verdadero desafío de la fe
Tal vez llevas muchos años creyendo en Dios.
Conoces historias bíblicas. Has escuchado predicaciones. Sabes que Dios hizo milagros. Sabes que abrió el mar. Sabes que sostuvo a Israel. Sabes que cumplió Su promesa con Abraham.
Pero la fe se vuelve personal cuando dejamos de preguntar solamente qué hizo Dios con otras personas y comenzamos a preguntarnos:
¿Le estoy creyendo a Dios en lo que estoy viviendo hoy?
Porque es posible creer que Dios hizo milagros antes y tener dificultad para creer que sigue siendo fiel ahora.
Podemos creer que Dios cumplió Sus promesas con Abraham, José, Moisés, David y tantos otros, pero preguntarnos en secreto:
“¿También será fiel conmigo?”
La respuesta de la Escritura nos lleva nuevamente a Su carácter:
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.”
Hebreos 10:23
Nuestra confianza finalmente no descansa en nuestra capacidad para entenderlo todo.
Descansa en el carácter de Aquel que habló.
Creerle a Dios cambia nuestra manera de vivir
Cuando realmente comenzamos a creerle:
- La preocupación comienza a dar lugar a la confianza.
- La incertidumbre nos lleva a depender más de Él.
- La Palabra deja de ser solamente algo que leemos.
- La obediencia deja de depender de cómo nos sentimos.
- Las circunstancias dejan de tener autoridad absoluta sobre nuestra esperanza.
Jesús habló de aquel que escucha Sus palabras y las pone en práctica como una persona que construye su casa sobre la roca.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”
Mateo 7:24
Jesús conecta escuchar con hacer.
Porque creer verdaderamente termina afectando nuestra manera de vivir.
Hoy la pregunta es personal
No preguntes solamente:
“¿Creo en Dios?”
Pregúntate también:
¿Le creo cuando dice que está conmigo?
¿Le creo cuando dice que me perdona?
¿Le creo cuando me llama a obedecer?
¿Le creo cuando me pide esperar?
¿Le creo cuando las circunstancias parecen contradecir Su Palabra?
¿Le creo aun cuando todavía no veo aquello que estoy esperando?
Porque hay momentos en los que creerle a Dios significará caminar sin tener todas las respuestas.
Y justamente ahí comienza la fe.
Creer en Dios reconoce Su existencia.
Creerle a Dios descansa en Su carácter.
Creerle a Dios confía en Su Palabra.
Creerle a Dios obedece aun antes de ver el resultado.
Quizá una de las expresiones más profundas de fe sea simplemente poder decir:
“Señor, no sé cómo lo vas a hacer.
No entiendo todo lo que estás haciendo.
Pero si Tú lo dijiste,
te creo.”
“Porque fiel es el que prometió.”
Hebreos 10:23
Para reflexionar
¿Hay alguna área de tu vida en la que dices creer en Dios, pero te está costando creer realmente lo que Él ha dicho?
Tal vez hoy no necesitas una nueva promesa. Tal vez necesitas volver a confiar en la Palabra que Dios ya te dio.
No solamente creas en Dios.
Aprende cada día a creerle a Dios.
edificandot
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