
No digas que eres espiritual si no hay fruto
Hola, familia!!!
Hace poco estaba pensando en algo que puede ser un poco incómodo reconocer: a veces creemos que estamos creciendo muchísimo espiritualmente... hasta que alguien nos hace enojar.
Mientras estamos orando todo parece ir muy bien. Leemos la Biblia, escuchamos una predicación, adoramos, sentimos la presencia de Dios y hasta pensamos: “Señor, cuánto he cambiado”.
Pero después llega alguien y dice algo que no nos gusta.
Un plan no sale como queríamos.
Nos contradicen.
Nos hacen esperar.
Nos tratan injustamente.
Aparece una tentación.
Y en cuestión de segundos sale de nosotros algo que pensábamos que ya no estaba ahí.
¿Te ha pasado?
A mí sí.
Y esas situaciones me han enseñado algo: muchas veces conocemos nuestro verdadero nivel de madurez espiritual cuando somos presionados.
Porque una cosa es decir que tenemos paciencia cuando nadie nos desespera, y otra muy diferente demostrarla cuando llevamos veinte minutos esperando.
Una cosa es hablar de amor cuando todos nos tratan bien, y otra amar cuando alguien nos lastima.
Una cosa es decir que tenemos dominio propio cuando no existe ninguna tentación cerca, y otra muy diferente obedecer a Dios cuando nuestra carne quiere hacer exactamente lo contrario.
Así que ahora sí, vamos a entrar a la enseñanza.
Hoy quiero que hablemos del fruto del Espíritu Santo, pero no quiero que solamente memoricemos nueve palabras.
Quiero que permitamos que la Palabra nos examine.
Porque el fruto del Espíritu no fue escrito para decorar una pared cristiana.
Fue escrito para convertirse en nuestra manera de vivir.
¿Qué es el fruto del Espíritu Santo?
El pasaje central está en Gálatas 5:22-23, donde Pablo menciona:
“amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.
Gálatas 5:22-23, RVR1960
La Nueva Versión Internacional utiliza palabras que pueden ayudarnos a comprender algunos de estos conceptos y habla de amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
Pero para entender verdaderamente esos versículos tenemos que comenzar un poco antes.
En Gálatas 5:16-21 Pablo habla de una batalla.
Por un lado están los deseos de la carne. Por otro lado está la dirección del Espíritu.
Y esto es muy importante porque el fruto del Espíritu aparece dentro de ese contraste.
En otras palabras: en nuestro interior hay deseos que quieren llevarnos en dirección contraria a la voluntad de Dios, pero el Espíritu Santo quiere producir en nosotros una manera diferente de pensar, reaccionar y vivir.
Romanos 8:5-14 enseña algo parecido: quien vive según la carne orienta su mente hacia los deseos de la carne, mientras quien vive conforme al Espíritu aprende a dirigirse hacia las cosas del Espíritu.
Por eso no podemos alimentar nuestra carne toda la semana y después preguntarnos por qué no estamos produciendo fruto espiritual.
No podemos llenar nuestros pensamientos de inmoralidad y esperar pureza.
No podemos alimentar resentimiento y esperar amor.
No podemos alimentar impulsividad y esperar dominio propio.
No podemos vivir tomando decisiones lejos de Dios y esperar parecernos cada día más a Cristo.
Algo siempre estará creciendo dentro de nosotros. La pregunta es: ¿qué estamos alimentando?
Es fruto, no un disfraz
Hay algo que me encanta de este pasaje.
Pablo habla del fruto del Espíritu.
No está hablando de una actuación religiosa.
Un árbol no se amarra manzanas a las ramas para aparentar que está sano.
El fruto aparece porque dentro del árbol existe vida.
De la misma manera, el verdadero fruto espiritual no consiste en aprender a parecer buenos delante de otros.
Se trata de permitir que Dios transforme lo que hay dentro de nosotros hasta que esa transformación comience a verse por fuera.
Jesús lo explicó perfectamente en Juan 15.
Él es la vid y nosotros somos las ramas. Nuestra responsabilidad es permanecer en Él porque, como dijo Jesús, “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).
Esto cambia completamente nuestra perspectiva.
El fruto del Espíritu no se fabrica; se produce como resultado de permanecer en Cristo.
Pero permanecer tampoco significa vivir pasivamente esperando que algún día Dios cambie todo sin nuestra obediencia.
Permanecer en Cristo significa buscarlo, escuchar Su Palabra, obedecerla, arrepentirnos, abandonar el pecado, aprender a reconocer la dirección del Espíritu Santo y escoger Su voluntad aun cuando nuestra carne quiera otra cosa.
Las 9 características del fruto del Espíritu Santo y cómo se reflejan
Quiero que ahora vayamos una por una.
No solamente preguntándonos qué significa cada característica, sino algo todavía más importante:
¿Cómo debería verse esto en mi vida?
1. Amor: buscar el bien del otro
¿Qué significa?
El amor bíblico es mucho más que sentir cariño.
Es decidir buscar el bien de otra persona conforme a la voluntad de Dios, incluso cuando hacerlo nos cuesta.
1 Corintios 13:4-7 nos muestra un amor paciente, bondadoso, sin orgullo, sin egoísmo y que no vive acumulando ofensas.
El amor del Espíritu no dice: “Te trataré bien mientras tú me trates bien”.
Ama porque ha aprendido de Cristo.
¿Cómo se refleja?
- Perdonas en lugar de alimentar resentimiento.
- Piensas también en las necesidades de otros.
- Dejas de utilizar a las personas para obtener algo de ellas.
- Hablas con verdad, pero no con intención de destruir.
- Sirves aunque nadie vaya a reconocértelo.
- Aprendes a amar incluso a personas difíciles.
El amor espiritual no solamente se siente; se demuestra.
Pregúntate: ¿las personas que viven conmigo pueden ver el amor de Cristo en la manera en que las trato?
2. Gozo: una alegría que no depende de que todo salga bien
¿Qué significa?
El gozo no es estar riéndonos todo el día ni negar nuestros momentos de tristeza.
Es una satisfacción profunda que nace de saber quién es Dios, quiénes somos en Cristo y dónde está puesta nuestra esperanza.
Las circunstancias pueden cambiar. El gozo que viene de Dios tiene una raíz más profunda.
Pablo incluso podía hablar de regocijarse en el Señor en medio de circunstancias difíciles (Filipenses 4:4).
¿Cómo se refleja?
- Atraviesas problemas sin perder completamente la esperanza.
- Puedes agradecer aun cuando todavía estás esperando una respuesta.
- Tu ánimo no depende exclusivamente de dinero, reconocimiento o éxito.
- Aprendes a disfrutar la presencia de Dios.
- No necesitas que todo sea perfecto para reconocer que Dios sigue siendo bueno.
El gozo no niega el dolor; impide que el dolor tenga la última palabra.
3. Paz: descansar en Dios aun cuando no controlas todo
¿Qué significa?
La paz no significa ausencia de problemas.
Significa que en medio de ellos nuestro corazón aprende a descansar en Dios.
También implica convertirnos en personas que promueven reconciliación en lugar de conflicto.
Filipenses 4:6-7 relaciona la oración, la confianza en Dios y una paz capaz de guardar nuestro corazón y nuestros pensamientos.
¿Cómo se refleja?
- No permites que cada problema gobierne tus emociones.
- Oras antes de reaccionar desesperadamente.
- Aprendes a confiar cuando todavía no sabes qué ocurrirá.
- No disfrutas provocando discusiones.
- Buscas resolver conflictos de manera bíblica.
- Tu seguridad comienza a descansar más en Dios que en tener todo bajo control.
Podemos estar atravesando una tormenta y aun así tener paz.
Porque nuestra paz no depende de que el mar esté tranquilo, sino de saber quién está con nosotros en la barca.
4. Paciencia: saber esperar sin permitir que la espera gobierne nuestro carácter
¿Qué significa?
La paciencia es la capacidad de soportar procesos, circunstancias y personas difíciles sin reaccionar impulsivamente.
No es aguantar por fuera mientras por dentro estamos llenándonos de odio.
Es permitir que Dios forme nuestro carácter mientras esperamos.
¿Cómo se refleja?
- No explotas cada vez que algo tarda más de lo esperado.
- Aprendes a escuchar antes de contestar.
- No abandonas inmediatamente un proceso porque se volvió difícil.
- Das oportunidad a otros de crecer.
- No intentas adelantarte a Dios por desesperación.
- Controlas tus palabras cuando estás frustrado.
Aquí es donde muchos descubrimos cuánto necesitamos al Espíritu Santo.
Es fácil sentirnos pacientes cuando todo ocurre a nuestro ritmo.
La paciencia se hace visible cuando algo deja de ocurrir a nuestra manera.
5. Benignidad: tratar bien a las personas
¿Qué significa?
La palabra que RVR1960 traduce como benignidad aparece expresada como amabilidad en otras traducciones.
Habla de una disposición bondadosa hacia los demás.
Es la clase de carácter que no necesita humillar, endurecerse o ser agresivo para demostrar autoridad.
Efesios 4:32 nos llama a ser amables, compasivos y perdonadores.
¿Cómo se refleja?
- Tratas con respeto al mesero, al empleado, a tu familia y a quien no puede darte nada a cambio.
- Corriges sin disfrutar avergonzar.
- Escuchas con atención.
- Tus palabras tienen gracia.
- Eres considerado con los sentimientos y necesidades de otros.
- No utilizas la rudeza como sinónimo de carácter fuerte.
A veces queremos demostrar nuestra espiritualidad hablando de revelaciones profundas.
Pero quizá una evidencia mucho más sencilla sea cómo tratamos a las personas cuando nadie importante nos está observando.
6. Bondad: escoger y practicar lo que está bien
¿Qué significa?
Benignidad y bondad se parecen, pero podemos entender una diferencia práctica.
La benignidad se refleja mucho en cómo tratamos a las personas.
La bondad se refleja en nuestra decisión de hacer lo que es bueno.
Una persona bondadosa no solamente tiene buenas intenciones. Busca oportunidades para hacer el bien.
Gálatas 6:10 nos anima precisamente a hacer bien a todos cuando tengamos oportunidad.
¿Cómo se refleja?
- Ayudas cuando está en tus posibilidades hacerlo.
- Eres generoso.
- Defiendes lo correcto aunque no sea popular.
- No participas voluntariamente en aquello que sabes que desagrada a Dios.
- Utilizas tus recursos para bendecir.
- Buscas dejar una situación mejor de como la encontraste.
Y aquí hay algo importante:
La bondad bíblica no significa aprobar todo.
A veces hacer el bien también requiere decir la verdad, poner límites, corregir con amor o negarnos a participar en el pecado.
7. Fe o fidelidad: ser alguien en quien se puede confiar
¿Qué significa?
RVR1960 utiliza la palabra fe, mientras traducciones como NVI expresan aquí fidelidad.
Para nuestra aplicación práctica quiero enfatizar precisamente esa idea: una vida estable, leal y confiable delante de Dios y de las personas.
1 Corintios 4:2 enseña que de un administrador se espera que sea encontrado fiel.
¿Cómo se refleja?
- Cumples tu palabra.
- Eres la misma persona en público y en privado.
- No abandonas fácilmente tus responsabilidades.
- Eres fiel a Dios cuando nadie te está observando.
- Las personas pueden confiarte una responsabilidad.
- Mantienes tus convicciones aunque hacerlo tenga un costo.
La fidelidad se demuestra con constancia.
No solamente importa comenzar bien. También debemos aprender a permanecer.
Hay personas muy emocionadas para comenzar proyectos, relaciones, ministerios o disciplinas espirituales, pero el Espíritu quiere también formar en nosotros la capacidad de ser constantes.
8. Mansedumbre: tener fuerza sin utilizarla para destruir
¿Qué significa?
Mansedumbre no significa debilidad.
No significa permitir cualquier abuso, carecer de carácter o nunca expresar una posición firme.
La mansedumbre es poder bajo control.
Es tener la capacidad de responder duramente y escoger actuar bajo el gobierno de Dios.
Gálatas 6:1 incluso enseña que cuando alguien cae debemos buscar su restauración con espíritu de mansedumbre.
¿Cómo se refleja?
- No necesitas ganar todas las discusiones.
- Puedes corregir sin humillar.
- No respondes cada ataque con otro ataque.
- Puedes recibir corrección sin reaccionar inmediatamente con orgullo.
- Controlas el tono de tus palabras.
- Utilizas tu autoridad para edificar y no para aplastar.
Podemos tener razón y aun así responder de una manera incorrecta.
La mansedumbre nos enseña que no solamente importa lo que decimos; también importa el espíritu con el que lo decimos.
9. Dominio propio: poder decirle “no” a lo que quiere gobernarnos
¿Qué significa?
La RVR1960 utiliza templanza. Otras traducciones lo expresan como dominio propio.
Es la capacidad, bajo la dirección del Espíritu Santo, de no convertir cada deseo, emoción o impulso en una acción.
Sentir algo no significa que tengamos que obedecerlo.
Desear algo no significa que Dios lo apruebe.
Estar enojados no significa que tengamos permiso para herir.
Tener una tentación no significa que tengamos que caer.
¿Cómo se refleja?
- Controlas tus palabras cuando estás enojado.
- Sabes detenerte antes de tomar una decisión impulsiva.
- Pones límites a aquello que sabes que puede hacerte caer.
- Aprendes a decir “no” a deseos pecaminosos.
- Eres disciplinado con tu tiempo, hábitos y decisiones.
- No permites que comida, dinero, sexualidad, redes sociales, emociones o cualquier otro deseo se conviertan en tu amo.
Proverbios 25:28 compara a la persona sin dominio propio con una ciudad sin defensa.
Y eso es exactamente lo peligroso de vivir sin control.
Una persona puede destruir en cinco minutos lo que tardó años en construir.
Un momento de ira.
Una decisión sexual.
Una palabra.
Una compra impulsiva.
Un mensaje enviado sin pensar.
Una tentación alimentada en secreto.
El dominio propio nos enseña que no todo lo que podemos hacer nos conviene, y no todo lo que sentimos debe gobernarnos.
Entonces, ¿tengo que ser perfecto?
No.
Y quiero aclararlo porque alguien pudiera terminar de leer la lista y pensar:
“Entonces yo no tengo al Espíritu Santo porque todavía fallo en algunas de estas áreas”.
El crecimiento espiritual es un proceso.
Un árbol recién plantado no produce inmediatamente la misma cantidad de fruto que uno que lleva años creciendo.
Pero hay una diferencia entre estar creciendo y habernos conformado.
Quizá todavía batallas con la paciencia, pero hoy reaccionas diferente a como reaccionabas hace dos años.
Quizá estás aprendiendo dominio propio.
Quizá Dios está sanando tu manera de amar.
Quizá todavía fallas, pero ahora reconoces rápidamente tu pecado, te arrepientes y vuelves a obedecer.
Eso es crecimiento.
El problema aparece cuando llevamos años caminando con Dios y justificamos las mismas actitudes diciendo:
“Así soy yo”.
No.
Quizá así eras tú, pero Dios quiere seguir transformándote.
No utilicemos nuestra personalidad como excusa para desobedecer.
“Es que yo tengo carácter fuerte”.
Tal vez necesitas mansedumbre.
“Es que yo digo las cosas como son”.
Tal vez necesitas amor y benignidad.
“Es que no tengo paciencia”.
Precisamente por eso necesitas permitir que el Espíritu la produzca.
“Es que yo soy muy impulsivo”.
Dios también quiere formar dominio propio.
Cristo no vino solamente a perdonar nuestros pecados.
También vino a darnos una vida nueva.
El fruto se descubre cuando somos presionados
¿Recuerdas lo que te decía al principio?
Muchas veces creemos que hemos madurado hasta que llega la presión.
Pero ahora quiero que veas las dificultades desde otra perspectiva.
Quizá esa persona difícil está revelando que Dios todavía quiere desarrollar paciencia en ti.
Quizá esa espera está mostrando dónde necesitas aprender paz.
Quizá aquella ofensa está sacando a la luz cuánto necesitas crecer en amor y perdón.
Quizá esa tentación está convirtiéndose en el gimnasio donde Dios quiere fortalecer tu dominio propio.
No significa que Dios sea el autor del pecado o de todo lo malo que nos ocurre.
Pero sí significa que Dios puede utilizar circunstancias difíciles para mostrarnos lo que hay en nuestro corazón y llevarnos a crecer.
No desperdicies tus pruebas solamente quejándote. Pregúntale a Dios qué quiere formar en ti mientras las atraviesas.
No uses esta lista para revisar a los demás
Aquí tenemos que tener cuidado.
Porque después de leer todo esto podemos pensar:
“Ya sé quién necesita leer este post”.
Tu esposo.
Tu esposa.
Tu jefe.
Tu líder.
Aquel hermano de la iglesia.
Tu vecino.
No empieces por ellos.
Empieza por ti.
Jesús dijo que a las personas se les reconoce por sus frutos (Mateo 7:16-20).
Pero antes de convertir ese principio en una lupa para analizar a todos los demás, convirtámoslo en un espejo.
Pregúntate delante de Dios:
- ¿Estoy amando mejor?
- ¿Mi gozo depende menos de las circunstancias?
- ¿Estoy creciendo en paz?
- ¿Soy más paciente que antes?
- ¿Trato mejor a las personas?
- ¿Estoy haciendo el bien?
- ¿Soy alguien más fiel y confiable?
- ¿Estoy respondiendo con mayor mansedumbre?
- ¿Tengo mayor dominio sobre mis impulsos?
No preguntes solamente:
“¿Voy a la iglesia?”
“¿Leo la Biblia?”
“¿Sirvo?”
“¿Conozco doctrina?”
Todo eso es importante.
Pero también pregunta:
“¿Me estoy pareciendo más a Cristo?”
¿Cómo puedo desarrollar el fruto del Espíritu?
Después de todo esto necesitamos llevar la Palabra a la práctica.
Así que quiero dejarte algunos pasos muy concretos.
1. Permanece en Cristo
Juan 15 es nuestra base.
No puedes producir verdadero fruto espiritual desconectado de la fuente.
Ora.
Lee la Biblia.
Medita en ella.
Adora.
Busca a Dios no solamente cuando tengas problemas.
La intimidad con Dios siempre terminará afectando nuestra manera de vivir.
2. Identifica dónde está ganando tu carne
No justifiques aquello que Dios ya te mostró.
Si tienes un problema de ira, reconócelo.
Si guardas resentimiento, reconócelo.
Si estás alimentando una tentación, reconócelo.
Si eres impulsivo, orgulloso, áspero o inconstante, llámalo por su nombre.
No podemos entregar a Dios aquello que insistimos en esconder.
3. Arrepiéntete rápidamente
Cuando falles, no te acostumbres.
No conviertas una caída en un estilo de vida.
Ve a Dios.
Confiesa.
Arrepiéntete.
Corrige lo que tengas que corregir y vuelve a caminar.
La gracia de Dios no es permiso para permanecer en el pecado; es poder para levantarnos y caminar en una vida diferente.
4. Alimenta el Espíritu y deja de alimentar la carne
Revisa qué estás viendo.
Qué escuchas.
Con quién te relacionas.
Qué conversaciones alimentas.
Qué pensamientos permites permanecer.
Qué contenido consumes.
Qué hábitos practicas.
No puedes pedir pureza mientras alimentas constantemente pensamientos impuros.
No puedes pedir paz mientras alimentas ansiedad todo el día.
No puedes pedir dominio propio mientras voluntariamente mantienes todas las puertas de tentación abiertas.
5. Obedece cuando el Espíritu Santo te confronte
A veces pedimos:
“Señor, dame paciencia”.
Y después aparece una oportunidad para practicarla... y nos enojamos porque apareció.
Pedimos mansedumbre y llega una situación donde debemos controlar nuestra respuesta.
Pedimos amor y aparece alguien difícil de amar.
Pedimos dominio propio y tenemos que decirle que no a algo que deseamos.
El crecimiento ocurre cuando la verdad que conocemos se convierte en obediencia.
Un ejercicio para esta semana
Quiero proponerte algo.
No intentes trabajar conscientemente en las nueve características al mismo tiempo.
Ora y pregúntale al Espíritu Santo:
“Señor, ¿qué área de mi carácter quieres trabajar en esta temporada?”
Después:
- Identifica una característica donde necesitas crecer.
- Busca tres o cuatro pasajes bíblicos relacionados con ella.
- Ora por esa área todos los días.
- Observa qué situaciones la ponen a prueba.
- Antes de reaccionar, pregúntate: “¿Cómo respondería alguien guiado por el Espíritu?”
- Obedece aunque tu primera reacción quiera hacer otra cosa.
- Al terminar la semana, revisa qué aprendiste.
No se trata solamente de decir:
“Señor, cámbiame”.
También debemos estar dispuestos a obedecer cuando Él comienza a mostrarnos cómo.
¿Qué está creciendo en ti?
Esta es la pregunta con la que quiero terminar.
No cuánto sabes.
No cuántos años llevas en la iglesia.
No cuántas predicaciones has escuchado.
No cuántos versículos puedes citar.
¿Qué está creciendo en ti?
Después de caminar con Cristo, ¿amas mejor?
¿Tienes más paz?
¿Eres más paciente?
¿Tratas mejor a otros?
¿Eres más fiel?
¿Controlas mejor tus impulsos?
¿Tu familia puede notar que Cristo está transformando tu carácter?
No estoy hablando de perfección.
Estoy hablando de dirección.
Estoy hablando de crecimiento.
Estoy hablando de evidencia.
Gálatas 5:25 nos deja una instrucción maravillosa:
“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.”
Gálatas 5:25
Que nuestra fe no sea solamente algo que confesamos con nuestra boca.
Que se note en nuestra manera de amar.
Que se note cuando somos presionados.
Que se note cuando nadie nos está mirando.
Que se note en casa.
Que se note en nuestras palabras.
Que se note en nuestras decisiones.
Que se note en nuestro carácter.
Porque cuando el Espíritu Santo gobierna una vida, tarde o temprano comienza a aparecer fruto.
Oremos
Señor, examina hoy mi corazón. Muéstrame aquellas áreas de mi carácter que todavía no se parecen a Ti. Perdóname por las veces que he justificado actitudes que Tú quieres transformar. Ayúdame a permanecer en Cristo, a obedecer Tu Palabra y a caminar bajo la dirección de Tu Espíritu. Produce en mí amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Quiero que mi vida dé fruto que te glorifique. En el nombre de Jesús. Amén.
Si todavía no has recibido a Jesús
Quizá llegaste hasta aquí y has intentado cambiar muchas cosas de tu vida con tus propias fuerzas.
Pero el verdadero cambio comienza cuando nuestra vida es rendida a Jesucristo.
No necesitas limpiar primero tu vida para acercarte a Él.
Ven a Cristo tal como estás, arrepiéntete de tus pecados, cree en Él y entrégale el gobierno de tu vida.
Si hoy quieres recibir a Jesús como tu Señor y Salvador, puedes hablar con Él con sinceridad:
Señor Jesús, reconozco que he pecado y que te necesito. Creo que moriste por mí y que resucitaste. Perdona mis pecados, transforma mi vida y sé desde hoy mi Señor y Salvador. Quiero seguirte, obedecer tu Palabra y vivir para Ti. Amén.
Si hiciste esta oración sinceramente, comienza ahora una relación con Dios.
Lee Su Palabra, ora, busca una iglesia donde Cristo y la Biblia sean el centro y permite que el Espíritu Santo vaya formando cada día el carácter de Jesús en ti.
Referencias bíblicas para continuar estudiando
- Gálatas 5:16-25
- Juan 15:4-8
- Romanos 8:5-14
- Mateo 7:16-20
- 1 Corintios 13:4-7
- Filipenses 4:4-7
- Efesios 4:1-3, 32
- Colosenses 3:12-15
- Gálatas 6:1, 9-10
- 1 Corintios 4:2
- Proverbios 25:28
- 2 Pedro 1:5-8
Y recuerda esto:
El fruto no aparece para que presumamos lo espirituales que somos. Aparece para que Cristo pueda ser visto en nosotros.
Nos seguimos leyendo.
MIL BENDICIONES PARA TU VIDA.
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Si Dios habló a tu vida a través de este recurso, me gustaría saberlo. Cuéntame lo que Dios está haciendo en tu vida. Te leo en los comentarios. BENDICIONES!!!