
Son palabras que marcaron, ausencias que dolieron, rechazos que dejaron huella. Heridas que no siempre se hablan, pero que influyen en cómo amas, cómo confías y hasta cómo te ves a ti mismo.
Muchos intentan seguir adelante ignorándolas, enterrándolas o disfrazándolas… pero la verdad es que lo que no se sana, se arrastra.
