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29 jul 2014

Cualidades de un líder de éxito (Parte 2)

Cualidades de un líder de éxito
"Para que existan discípulos de éxito, deben existir líderes de éxito."
— Juan M. Ramos


El líder de éxito se fortalece espiritualmente.

“[Jesús] crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él” (Lucas 2:40).

Jesús desde pequeño se fortalecía física y espiritualmente, adquiría más y más conocimiento de la Palabra y aún la gracia de Dios aumentaba sobre él, era tanta la gracia que también llego a tener gracia delante de los hombres.

Hay tres formas en las que nos podemos fortalecer espiritualmente y que es necesario hacerlo antes de comenzar a ganar almas.

      1. Fortalecidos a través de la Oración.
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).

Jesús es el mejor ejemplo a seguir cuando se trata de la oración. Si Cristo necesito de la oración para poder depender del Padre, para nosotros es mucho más importante. Orar es depender de Dios a diario, es buscar su dirección a cada una de las decisiones que hay que tomar.

Cuando un líder no ora, será demasiado difícil mantener los cielos abiertos a su favor, para tener acceso a cada una de las bendiciones que Dios ha preparado para cada uno de nosotros.

Necesitamos comunicarnos con nuestro Padre Celestial a través de la oración, para mantenernos fuertes espiritualmente.

2. Fortalecidos a través de la Palabra. Lucas 4:16-22.

Jesús también nos mostró la importancia de tener contacto con las Escrituras. La oración nos permite beber del Espíritu de Dios, y la Palabra de Dios es como el alimento que nos mantiene fuertes para poder trabajar, la que nos mantiene firmes.

Un líder que no se alimenta con la Palabra de Dios a diario, no tendrá las fuerzas necesarias para poder trabajar en la obra de Dios.

Necesitamos de la Palabra de Dios para crecer primeramente nosotros, y de ahí poder alimentar a la gente que se acerqué a Cristo.

3. Fortalecidos a través del Ayuno.
“Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre” (Mateo 4:2).

Otro aspecto muy importante, que Cristo nos enseño es el ayuno, él antes de comenzar a predicar se preparó en ayuno por cuarenta días completos.

El ayuno hace que la carne se sujete y que nuestro Espíritu se fortalezca y que se haga mas estrecha la comunión con el Padre. El ayuno nos ayuda a fortalecernos mucho espiritualmente.

Necesitamos del ayuno para fortalecer al Espíritu de Dios dentro de nosotros, para escuchar su voz más audiblemente, que los dones del Espíritu comiencen a fluir y que esta carne que desea lo malo, este sujeta a la voluntad de Padre.

En conclusión. La oración nos da gracia delante de Dios y de los hombres, la Palabra nos hace crecer en sabiduría y el ayuno nos ayuda a fortalecernos para cumplir con la obra de Dios. Cuando combinamos la oración, la Palabra y el ayuno, seremos instrumentos poderosos en manos de Dios, que hasta el reino de las tinieblas se estremecerán.


El líder de éxito vence a la tentación

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (Mateo 4:1).

¿Por qué Dios permitió que Cristo fuera tentado? Para darnos ejemplo que si se puede vencer a la tentación. Cuando nos proponemos en nuestro corazón agradar a Dios en todo, también cambiamos nuestra mentalidad y nos damos cuenta que no debemos ceder al pecado.

El propósito del enemigo es mantenernos en esclavitud, para no ser una amenaza para él, y que no le arrebatemos las almas que son de Dios. El enemigo no podrá atarnos de nuevo mientras no juguemos con la tentación, porque al coquetear con la tentación será muy fácil caer en pecado.

Todo empieza con dar una mirada a aquello que nos puede seducir y atrapar hasta llegar al punto en el que no podamos salir de esta telaraña de mentira del diablo.

Para poder vencer a la tentación es necesario fortalecernos a través de la oración. “Velad y orad, para que no entréis en tentación…” (Mateo 26:41). También debemos fortalecernos con la Palabra. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.” (Salmos 119:11). Y con el ayuno fortalecemos nuestro espíritu y crucificamos la carne.


El líder de éxito siente compasión por las almas

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).

Cristo también nos dio ejemplo en esto, en ver a la gente como ovejas perdidas por las cuales hay que ir a salvarlas. Eso es lo más importante para Dios, que nadie se pierda, y que todos puedan ser salvos. Por eso vemos a un gran líder que se preocupaba por el bienestar de las personas cuando leemos que a Jesús: “se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.” (Mateo 15:30-31).

El líder que desee trabajar en la obra de Dios debe aprender a amar a las personas, ayudarlas, motivarlas, ir por ellas, orar por cada oveja, como si nosotros fuéramos sus pastores. El principio del ministerio es el amor por las almas.

Juan y Pedro al ver al cojo a las puertas del templo la Hermosa, sintieron esta misma compasión que Cristo tuvo por las multitudes.


El líder de éxito se reproduce en otros.

“Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tu eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre” (Mateo 26:73).

Jesús fue el Gran Ejemplo para sus discípulos, de él aprendieron todo lo que necesitaban para poder seguir sus pasos. Cristo imprimió cada una de sus características en sus discípulos.

El Señor compartió de su tiempo y sabiduría a sus doce, llegando a un punto en el que sus discípulos hablaban como él, se comportaban como él. Eso es lo que hace un buen líder, reproducirse en otros.

Cuando tomaron a Cristo como preso y Pedro veía todo lo que sucedía, venía gente y le decía: “Tú estabas con Jesús”, “Tu manera de hablar te delata”, “Tú eres uno de sus discípulos.”

No podremos reproducirnos en otros si primero no se reproduce el carácter de Cristo en nuestras vidas. Como líderes debemos buscar siempre en comunión con Dios que seamos semejantes a Cristo en carácter, servicio, amor y entrega.


El líder de éxito forma su equipo de trabajo

“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.” (Mateo 10:1).

Aunque al inicio el líder comienza a trabajar en el ministerio solo, cuando se empieza a ganar almas y a tener discípulos, el líder no puede seguir trabajando solo.

Cristo comenzó solo con la ayuda de Dios y del Espíritu Santo, pero al ya tener gente a su alrededor, decidió hacer un equipo, porque había que seguir la multiplicación.

Cuando formamos equipos, podremos ver el poder de Dios desatado sobre nosotros y sobre nuestro equipo. El propósito de tener gente que nos apoye, es para poder ver más fruto y tener apoyo mutuo. Yo te ayudo, tú me ayudas, todos nos ayudamos.

Así como Cristo fue de ejemplo para su tiempo, y lo sigue siendo ahora, nosotros también debemos ser ejemplo en nuestro tiempo. Para formar discípulos de éxito, debemos anhelar ser líderes de éxito.

19 jul 2014

Cualidades de un líder de éxito

Cualidades de un líder de éxito
"Para que existan discípulos de éxito, deben existir líderes de éxito."
Juan M. Ramos

Si existen discípulos fracasados, anémicos espiritualmente, débiles y nada comprometidos, es porque tuvieron un líder con las mismas características. Cuando vemos a Pedro y a Juan en el templo la Hermosa, vemos a unos discípulos maduros, comprometidos con la obra de Dios, y fuertes espiritualmente. Podemos ver que ellos verdaderamente fueron discípulos de Cristo, estaban tan llenos del poder de Dios, que al mirar a aquél hombre que era cojo de nacimiento y que pedía limosna afuera del templo, pudieron verlo con los ojos de Dios y sintieron por él compasión como la que Cristo sintió por ellos en su momento.

“No tengo plata ni oro” dijo Pedro a este hombre que pedía limosna; “Pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6).

¿Qué es lo que Pedro tenía? Lo que Pedro y Juan tenían era lo que su líder les dio. Esos tres años en los que convivieron con Cristo, fueron años llenos de bendición, de enseñanzas, de ministración, de unción, de autoridad y poder, donde aprendieron cada uno de los pasos que Cristo dio aquí en la tierra.

Ahora en este momento vemos que estos discípulos estaban dando fruto, poniendo en práctica todo lo que Su Maestro les enseñó. Para que existan discípulos de éxito, deben existir líderes de éxito.
Si nosotros como líderes deseamos y soñamos con tener discípulos que nos ayuden a trabajar para Dios, que sean maduros, comprometidos y fuertes espiritualmente, la primer persona a la que tenemos que discipular es a nosotros mismos. No podemos pedirle a un árbol que de fruto si no lo cuidamos primero.

Yo tengo que buscar ser como Cristo, para poder llegar a tener discípulos como Juan y Pedro. Cada día que pase, yo, como líder debo entender que tengo que buscar imitar a Cristo en todo, seguir cada una de las huellas que nuestro Maestro de maestros nos dejo. Y la Biblia es el mejor libro del que nosotros podemos aprender de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

De Cristo podemos aprender cada una de las cualidades que debe tener un líder de éxito como lo fue él.


El líder de éxito sabe que Dios lo ha llamado con un propósito.

“En los negocios de mi padre me es necesario estar” (Lucas 2:49b).
Cristo aún desde los doce años, sabía que tenía un propósito por el cuál él estaba en la tierra. Aunque sus padres terrenales no entendían esto, Jesús entendía que su nacimiento no fue un accidente, ni una casualidad. Así también nosotros, tenemos que dejar que nuestro Padre celestial hable a nuestros corazones para ser sensibles a su llamado.

No fuimos un accidente, sino que Dios planeando nuestro nacimiento lo hizo con un gran propósito; el de trabajar para su obra. Aunque esto es algo que la mayoría conoce, muchos de los cristianos han cerrado su corazón a esta verdad, y es por eso que el mundo esta gobernado por líderes que están fuera de lo que a Dios le agrada.

Dios te ha llamado a ti, ¿Cómo es que puedo decir esto con gran seguridad? Simple y sencillamente, porque en Efesios 2:10 leemos que: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Abre tu corazón para esta gran verdad; Dios te ha llamado para usarte como un instrumento de bendición y que puedas ganar almas para Cristo.


El líder de éxito es obediente a Dios.

“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él… Jesús le dijo: deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:13, 15).
Juan se oponía a bautizar a Jesús, pero Cristo sabía que era muy importante cumplir con cada uno de los mandamientos del Padre. Así que por sobre el argumento de Juan, Jesús prefirió la obediencia a Dios.

Un líder de éxito sabe que debe ser obediente a cada uno de los mandatos de Dios, porque a través de la obediencia viene la bendición. En Deuteronomio 28:1-14 vemos una lista de todas las bendiciones que Dios nos desea dar. “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos… vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán.” (Deuteronomio 28:1-2).

El líder también sabe que así como la obediencia desata bendición sobreabundante sobre la vida de aquél que agrada a Dios en todo, la desobediencia acarrea maldición y afecta cuatro veces más. Un ejemplo de esto los encontramos en Deuteronomio 28:15-68.

Dios nos quiere bendecir en todas las áreas de nuestras vidas, pero Dios nos bendice para bendecir, así es como podemos ver a nuestros discípulos en bendición, cuando aprendemos la importancia de la obediencia y les enseñamos este mismo principio.

Seguiremos viendo algunas cualidades que debemos buscar tener para comenzar a levantar discípulos que impacten naciones. Bendiciones.

17 jul 2014

Menos en Más

Reflexión: Menos en Más

Estaba en estos días en una capacitación, donde nos explicaban que menos era más.
Este exponía que cuando aplicamos menos en un área, nos da la oportunidad a nosotros mucho mas de destacar el contra parte.

En mis pensamientos inicio toda una travesía, para entender lo que me decía y con Ayuda de Dios llegue a esta conclusión:

Con Menos quejas, tendré Mas Confianza en Dios.
Con Menos odio, podre dar más Amor a los demás.
Con Menos resentimiento, Perdono Más, borrando así el pasado.
Con Menos comodidad, caminando Mas para alcanzar la meta.
Con Menos división, tendré Más unión en mi alrededor.
Con Menos distancia hacia los demás, fortaleceré Más todas relaciones.
Con Menos palabras, me ayudara a trabajar Mas en la acción.
Con Menos orgullo, me permite liberar Más mi corazón.
Con Menos chismes, Más me pongo en el lugar de mi prójimo.
Con Menos cargas, descanso Más en mi creador.

Había llenado toda una página, con esto. Entendiendo que era cierto MENOS EN MÁS, siempre y cuando permito que Dios lo pueda cambiar. Intenta y veras los resultados. 

Autora: +Liz Lora 
Escrito para Edificando Vidas

1 jul 2014

El Poder de Tres

El Poder de Tres



“… si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Eclesiastés 4:12).

Dios en su infinita sabiduría, creo las aguas. El agua es un elemento vital para la existencia de la vida en el planeta. Si el agua dejara de existir, las plantas, los animales y nosotros, dejaríamos de existir. Este líquido es muy importante y sin él, nada de lo que hacemos comúnmente podríamos hacerlo. Necesitamos el agua para vivir, para asearnos, para beberla, para preparar algunos alimentos y para muchas otras cosas.

La Biblia dice: “Visitas la tierra, y la riegas; en gran manera la enriqueces; con el río de Dios, lleno de aguas”(Salmos 65:9). Dios enriquece el planeta entero con el agua. Nuestro Creador estableció el agua como un elemento indispensable para que la vida continúe en la tierra.

¿Cómo está conformada una molécula de agua? Esta es una pregunta sencilla de química. Una molécula de agua esta conformada por tres átomos; dos de hidrógeno y una de oxígeno. Si a una molécula de agua le quitáramos un átomo (Hidrógeno); dejaría de ser agua. Si quisiéramos agregar un átomo más (Oxígeno); sería agua, pero oxigenada y esa no podemos beberla.

A lo que quiero llegar es que Dios estableció el agua (H2O) para la vida en el mundo y de otra forma (agregando o quitando átomos) perdería su esencia. Dejaría de ser el agua que necesitamos.

La Unidad de Dios

Dios siempre se ha mantenido unido. La palabra nos enseña que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno. “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo; el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” (1 Juan 5:7). Así como el agua pierde su esencia al quitar o agregar un átomo a la molécula; Dios también perdería su esencia si una de las tres personas que lo conforman es retirada. Si quitamos al Padre, Dios dejaría de ser Dios. Si quitamos al Hijo, Dios dejaría de ser Dios. Si quitáramos al Espíritu Santo, también dejaría de ser Dios.

Los Tres estaban en el Momento de la Creación

Dios esta conformado por tres personas, y siempre han estado unidos. En el momento de la creación, los tres estuvieron trabajando en equipo. Hay dos pasajes que son clave para darnos cuenta que los tres estaban en ese momento.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:1-2).

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

En el pasaje de Génesis, solo podemos ver a dos en el momento de la creación, a Dios (el Padre) y al Espíritu Santo. Pero si ponemos atención en el pasaje de Hebreos entra alguien más en escena; La Palabra de Dios. En Juan 1:1 leemos “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” En otras traducciones en lugar de leer Verbo, leemos la Palabra. Aquí el Apóstol Juan nos hablaba de Jesucristo, quien estaba con el Padre y vino al mundo hecho carne. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habito entre nosotros…”(Juan 1:14)

Entonces podemos entender que el Padre, el Espíritu Santo y Jesús estaban en el momento de la Creación. Eran un equipo trabajando con un mismo propósito para alcanzar una misma visión.

El Trabajo en Equipo

El Padre fue el autor intelectual de todo lo que existe en el planeta. Él fue quien tuvo la visión de hacer todo lo que ahora conocemos. Fue un deseo en su corazón y ahora tenían que ponerse manos a la obra. “De modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”

Mientras que el Padre, hacía los planos de todo lo que quería realizar, los prototipos, los modelos, etc. El Espíritu Santo preparaba el ambiente para que todo fuera hecho sin problema, se movía por todas partes para que se ejecutara la orden de Dios. El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

El Padre ya tenía todo preparado, el Espíritu Santo preparo los terrenos y el ambiente. Ahora solo faltaba crear lo que se había planeado. Es ahí donde entró Jesús o el Verbo como lo llamaba Juan. Verbo denota una acción, y es lo que hizo Jesús, se puso en acción cuando Dios daba la orden.

El Padre decía: Sea la luz, y Jesús entraba en escena para crearla. Y así con cada una de las órdenes del Padre. Así que “entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios” que es Jesús.

En El Momento de la Creación del Hombre

Ya vimos que los tres estaban juntos y unidos. Trabajaban siempre como uno solo, y así ha sido siempre. Qué fue lo que dijeron en el momento de crear al Hombre: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” (Génesis 1:26). Los tres dijeron hagamos juntos al hombre.

Dios nos enseña la importancia de la unidad, y del poder que puede haber cuando se trabaja con una misma visión, con una misma meta, con un mismo sentir. Si fuimos hechos a su imagen y semejanza esta misma naturaleza debe ser parte de nosotros. El trabajo en equipo, la unidad.

Tres Amigos Unidos

En Daniel capítulo 3, leemos la historia de tres amigos de Daniel que siempre se mantuvieron unidos y firmes en su fe. El rey Nabucodonosor había mandado a hacer una estatua de oro, la cuál todos debían adorar al sonido de los instrumentos musicales. Todos lo hacían excepto Sadrac, Mesac y Abed-Nego. Estos tres amigos se negaban ante el rey a adorar a imágenes y prefirieron morir con el castigo que había impuesto Nabucodonosor: Morir quemados en un horno de fuego ardiente.

Estos jóvenes tenían la plena confianza en Dios. “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará” (Daniel 3:17). La ira del rey se encendió y mando a que se calentara el horno siete veces más. Cuando envió a hombres fuertes a que ataran y echaran a los jóvenes horno, estos morían por causa del horno tan ardiente que estaba.

Para sorpresa del rey y de los que estaba con él. Vieron dentro del horno a Sadrac, Mesac y Abed-Nego caminando de un lado a otro. Pero lo más sorprendente es que ya no eran tres, sino cuatro. Dijo Nabucodonosor: “He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses” (Daniel 3:25).

Estos tres amigos se mantuvieron unidos. Confesaban a Dios como su Salvador. Servían a Dios con fe. Y como resultado, Dios se manifestó en medio de ellos para rescatarlos. Este rey quedó tan asombrado que los saco del horno y los engrandeció por su fuerte convicción en el Dios todopoderoso.

Dios se Manifiesta en la Unidad

A Dios le agrada demasiado la unidad. Él es un Dios unido. Por lo tanto cuando ve que hay unidad entre su pueblo, él ahí esta también. Eso fue lo que paso con los tres amigos de Daniel. En nuestros tiempos también podemos experimentar la presencia de Dios cuando estamos unidos. La Biblia nos enseña: “… donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).

Imagina todo lo que podemos experimentar de parte de Dios cuando nos mantengamos unidos. Su presencia en nosotros será cada día mayor, y veremos grandes milagros obrados por la mano poderosa de Dios.

El día de Pentecostés

Cuando estaban todos reunidos en el aposento alto, el día de Pentecostés; estaban todos unánimes juntos. Y de repente fueron todos llenos del Espíritu Santo. En ese momento había tres tipos de personas, los apóstoles, los discípulos (de donde eligieron a Matías) y los congregantes… ciento veinte en total. (Hechos 2)

En nuestros tiempos, el poder de Dios también se puede manifestar. Si tan solo podemos creerlo y unirnos para buscar la Gloriosa presencia de Dios, él la mostrará. Si nos unimos  cosas poderosas veremos obrando. Si tan solo nos humilláramos y clamáramos a Dios el nos responderá. A nuestro Padre celestial le gusta la unidad y solo cuando estemos en un mismo sentir, el estará en medio de nosotros. “Cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Hagamos un gran equipo.
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