
¿Para qué quieres un don? Los dones del Espíritu Santo y cómo usarlos hoy
Hay una oración que probablemente muchos hemos hecho alguna vez:
“Señor, úsame.”
Yo la he hecho muchas veces. A veces con lágrimas, otras veces en medio de un tiempo de adoración y otras simplemente hablando con Dios mientras voy camino a mi trabajo o haciendo cualquier cosa del día.
“Señor, quiero que me uses. Quiero que mi vida sirva para algo. Quiero ser instrumento en tus manos.”
Suena muy espiritual.
Pero un día entendí que pedirle a Dios que me use también significa estar dispuesto a que Dios me interrumpa.
Porque quizá quiero que Dios me use desde una plataforma, pero Él quiere usarme hablando con alguien después de la reunión.
Quizá quiero una gran palabra profética, pero el Espíritu Santo simplemente quiere que me acerque a una persona y ore por ella.
Quizá quiero ver milagros impresionantes, pero Dios quiere comenzar enseñándome a escuchar, servir, amar y obedecer.
Y ahí fue cuando la pregunta cambió.
Ya no solamente:
“Señor, ¿cuál es mi don?”
Sino:
“Espíritu Santo, ¿a quién quieres bendecir hoy a través de mí?”
Porque los dones del Espíritu Santo nunca fueron diseñados para hacernos famosos, especiales o superiores a otros creyentes.
Fueron dados para servir.
Para edificar.
Para ayudar.
Para que otras personas puedan experimentar la gracia, el amor y el poder de Dios.
Ahora sí, vamos a entrar en la enseñanza.
¿Qué son los dones del Espíritu Santo?
Uno de los pasajes principales para entender los dones del Espíritu Santo está en 1 Corintios 12.
“A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás.”
1 Corintios 12:7, NVI
Me encanta esta manera de expresarlo: una manifestación del Espíritu.
No estamos hablando simplemente de ser talentosos.
Una persona puede tener facilidad natural para hablar, cantar, administrar, enseñar o relacionarse con otros. Todas esas capacidades pueden ser usadas por Dios, pero Pablo aquí está hablando específicamente de manifestaciones que proceden del Espíritu Santo.
Y el mismo versículo nos revela inmediatamente su propósito:
“Para el bien de los demás.”
Ahí está la clave.
El don no termina en mí.
Si Dios me da algo, es porque probablemente alguien más necesita recibir algo a través de ello.
Por eso 1 Pedro 4:10 también presenta al creyente como un administrador de la gracia de Dios.
No somos dueños del don.
Somos administradores.
Esto cambia completamente nuestra manera de pensar.
No se trata de presumir: “Yo tengo este don”.
Se trata de preguntar:
“¿Cómo puedo servir mejor a los demás con lo que Dios ha depositado en mi vida?”
Antes del don, necesitamos hablar del fruto
Aquí necesito detenerme.
Porque sería muy peligroso enseñar acerca del poder del Espíritu sin hablar del carácter que el Espíritu quiere formar dentro de nosotros.
Mi pastor Emmanuel Carranco nos ha enseñado una frase que se me ha quedado profundamente grabada:
“Los dones te hacen increíble, pero el fruto te hace creíble.”
Pastor Emmanuel Carranco
Qué verdad tan fuerte.
Los dones pueden hacerte brillar.
Pero el fruto revela quién eres cuando nadie te está viendo.
Un don puede llamar la atención de una multitud, pero el fruto del Espíritu determina cómo tratas a tu familia cuando llegas a casa.
Un don puede hacer que alguien diga: “¡Qué tremendo lo que Dios hizo a través de esa persona!”.
Pero el fruto se manifiesta cuando tienes que perdonar, dominar tu carácter, ser paciente, permanecer fiel, amar al complicado y responder con mansedumbre cuando podrías reaccionar con orgullo.
Gálatas 5:22-23 habla del fruto que produce el Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio.
Y observa algo importante: la Biblia habla del fruto del Espíritu.
El Espíritu Santo no solamente quiere manifestarse a través de nosotros.
También quiere trabajar dentro de nosotros.
Necesitamos ambas cosas.
Poder y carácter.
Dones y fruto.
Manifestación y transformación.
Y hay algo que me parece impresionante en la iglesia de Corinto. Pablo les dice desde el inicio de la carta que no les faltaba ningún don; sin embargo, unos capítulos después tiene que confrontarlos por celos, contiendas e inmadurez espiritual.
En otras palabras:
Puedes tener dones espirituales y todavía necesitar crecer muchísimo espiritualmente.
El don no es certificado de madurez.
El don es gracia.
Por eso nunca debemos medir nuestra relación con Dios únicamente por las manifestaciones que experimentamos.
Hay personas que pueden ser muy usadas y al mismo tiempo tener áreas de su carácter que necesitan urgentemente ser rendidas a Dios.
Por eso Pablo coloca 1 Corintios 13 justamente en medio de su enseñanza acerca de los dones.
Habla de lenguas.
Habla de profecía.
Habla de conocimiento.
Habla de una fe extraordinaria.
Pero después dice que sin amor todo eso pierde su verdadero valor.
Entonces, cuando decimos “primero el fruto antes que el don”, no estamos diciendo que tienes que llegar a ser perfecto para que Dios pueda usarte.
Nadie sería usado si esa fuera la condición.
Los dones son regalos de gracia.
Lo que estamos diciendo es que jamás debemos perseguir una manifestación más que una transformación.
No quiero solamente que Dios haga cosas a través de mí.
Quiero que Dios haga algo en mí.
No quiero únicamente poder espiritual.
Quiero parecerme más a Jesús.
Porque el don puede abrirte una puerta, pero solamente el carácter podrá sostenerte cuando estés dentro.
¿Cuáles son los nueve dones del Espíritu Santo?
En 1 Corintios 12:8-11 encontramos nueve manifestaciones: palabra de sabiduría, palabra de conocimiento o ciencia, fe, dones de sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas e interpretación de lenguas.
Pero quiero hacer algo diferente.
No quiero simplemente darte una definición que puedas memorizar.
Quiero que pensemos:
¿Cómo se ve esto un lunes por la mañana?
¿Cómo puede usarme el Espíritu Santo en el trabajo?
¿En una Casa de Paz?
¿Sirviendo en la iglesia?
¿Orando por alguien?
¿Evangelizando?
¿Hablando con un amigo que está pasando por una crisis?
Porque si los dones son para edificación, necesitamos aprender a llevarlos a la práctica.
1. Palabra de sabiduría
Pablo menciona primero la palabra de sabiduría.
El pasaje no desarrolla una definición técnica detallada de cada manifestación, así que debemos mantener humildad al explicarlas. Pero podemos entenderla como una capacidad que el Espíritu concede para comunicar sabiduría de Dios apropiada para una situación determinada.
No es simplemente “ser inteligente”.
Es recibir claridad para saber cómo actuar o qué decir en un momento donde humanamente no parece sencillo encontrar una respuesta.
Imagínate que alguien se acerca a ti atravesando un problema familiar complicado. Mientras lo escuchas, comienzas a orar interiormente:
“Espíritu Santo, dame sabiduría para hablar.”
Y de pronto una verdad bíblica viene a tu corazón con una aplicación muy específica para esa persona.
Eso puede convertirse en una herramienta de Dios para traer dirección.
¿Cómo ejercerla hoy?
No tengas prisa por responder todo.
Escucha.
Ora.
Conoce la Palabra.
Y cuando sientas que Dios te está dando sabiduría, compártela con humildad.
No necesitas comenzar diciendo: “Dios me dijo que te dijera…”.
A veces es mucho más sano decir:
“Mientras oraba por esto vino algo a mi corazón. Quiero compartirlo contigo para que también lo ores y lo examines.”
La sabiduría de Dios no necesita arrogancia para demostrar que viene de Dios.
2. Palabra de conocimiento
Algunas traducciones dicen palabra de ciencia y otras palabra de conocimiento.
De nuevo, Pablo no nos da una definición extensa. Dentro de la tradición carismática y pentecostal suele entenderse como conocimiento que el Espíritu Santo hace disponible para ministrar una situación determinada, más allá de lo que naturalmente conocíamos.
Puede ocurrir mientras oras por una persona y viene a tu corazón algo relacionado con su necesidad.
Puede ocurrir mientras ministras y percibes que debes preguntar por una situación específica.
Pero aquí necesitamos mucha humildad.
No todo pensamiento que llega a nuestra mente viene del Espíritu Santo.
Tenemos emociones.
Tenemos recuerdos.
Tenemos imaginación.
Y podemos equivocarnos.
Por eso jamás deberíamos usar una supuesta palabra de conocimiento para controlar, exhibir o avergonzar a alguien.
La revelación que viene de Dios debe servir al propósito de Dios.
Si crees percibir algo acerca de una persona, trátalo con respeto y amor.
Sobre todo cuando se trate de temas sensibles.
3. El don de fe
Todos los creyentes somos llamados a vivir por fe.
Pero 1 Corintios 12 menciona también una manifestación particular de fe.
Podemos entenderla como una confianza extraordinaria que el Espíritu produce para creerle a Dios frente a una circunstancia específica.
Es uno de esos momentos donde todo parece decir “no se puede”, pero dentro de ti existe una convicción profunda:
“Dios puede hacerlo.”
No es optimismo.
No es negar la realidad.
No es pensamiento positivo.
Es confianza en Dios.
Quizá estás orando junto a una familia que atraviesa una situación imposible y Dios pone una fe especial en tu corazón para continuar intercediendo.
Quizá estás frente a una oportunidad ministerial que supera completamente tus recursos y, sin embargo, Dios produce la certeza necesaria para dar el siguiente paso.
Pero cuidado.
Fe no significa imprudencia.
Jamás debemos tomar decisiones irresponsables solamente para obligar a Dios a demostrarnos algo.
La fe verdadera obedece a Dios; no intenta manipularlo.
4. Dones de sanidades
Me llama la atención que el texto bíblico habla de dones de sanidades.
Dios sigue siendo sanador.
Y como iglesia debemos continuar orando por los enfermos.
A veces podemos complicarlo demasiado.
Quizá alguien te cuenta que está enfermo y en ese momento sientes en tu corazón:
“Ora por él.”
Entonces pregunta:
“¿Puedo orar por ti?”
Y ora con fe.
No necesitas hacer espectáculo.
No necesitas gritar más fuerte para que Dios escuche.
No necesitas fabricar una manifestación.
Nuestra responsabilidad es obedecer y orar.
Dios es quien sana.
Y también debemos actuar con responsabilidad: orar por sanidad no significa decirle a una persona que abandone tratamientos médicos, medicamentos o seguimiento profesional.
Tampoco debemos declarar públicamente que alguien está sano si no existe confirmación.
Podemos creer profundamente en el poder sobrenatural de Dios y al mismo tiempo caminar en verdad, prudencia y amor.
La fe no necesita exagerar testimonios para glorificar a Dios.
5. El hacer milagros
Los milagros nos recuerdan algo que fácilmente olvidamos:
Dios no está limitado por nuestra capacidad.
Hay circunstancias donde nuestros recursos terminan.
Pero los recursos de Dios no.
Un milagro es una intervención de Dios que va más allá de lo que podemos producir humanamente.
El libro de Hechos está lleno de momentos donde Dios intervino sobrenaturalmente mientras la iglesia cumplía su misión.
Y creo que ahí encontramos una enseñanza importante.
Los discípulos no vivían persiguiendo experiencias para entretenerse.
Estaban predicando, sirviendo, orando, obedeciendo y llevando el evangelio.
Y en medio de esa misión, Dios manifestaba Su poder.
Quizá necesitamos cambiar nuestra oración.
En lugar de:
“Señor, déjame ver algo impresionante.”
Podríamos decir:
“Señor, úsame para que alguien conozca que Jesús está vivo.”
El milagro nunca debe convertirse en el protagonista.
Jesús es el protagonista.
6. El don de profecía
Este es probablemente uno de los dones que más necesita ser entendido correctamente.
Porque a veces hemos reducido la profecía a predecir el futuro.
Pero 1 Corintios 14:3 dice que quien profetiza habla para edificación, exhortación y consolación.
La profecía puede incluir revelación acerca de algo que Dios quiere comunicar, pero su ejercicio dentro de la iglesia debe estar sometido al orden y a la evaluación bíblica.
No es adivinación cristiana.
No es leer la suerte con vocabulario bíblico.
Y tampoco es una licencia para controlar decisiones ajenas.
Debemos tener mucho cuidado con frases como:
“Dios me dijo que tienes que casarte con esta persona.”
“Dios me dijo que tienes que darme determinada cantidad de dinero.”
“Dios me dijo que tienes que dejar tu iglesia.”
“Dios me dijo y no puedes cuestionarlo.”
Eso abre la puerta a manipulación espiritual.
El Nuevo Testamento no nos enseña a apagar la profecía, pero tampoco nos enseña a creer cualquier cosa sin examinarla.
1 Tesalonicenses 5:21 dice:
“Sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.”
1 Tesalonicenses 5:21, NVI
Y 1 Corintios 14 enseña que otros deben juzgar lo que se profetiza.
Entonces, si Dios quiere usarte proféticamente, mantén un corazón enseñable.
Una persona verdaderamente espiritual no debería tener miedo de que lo que comunica sea examinado bíblicamente.
Si viene de Dios, no necesita escapar de la luz.
7. Discernimiento de espíritus
Discernir espíritus no significa convertirnos en personas sospechosas que ven demonios detrás de todo.
Tampoco significa juzgar a las personas por intuición.
El discernimiento espiritual nos ayuda a reconocer la fuente espiritual detrás de determinadas manifestaciones, influencias o mensajes.
1 Juan 4:1 nos enseña a no creer a todo espíritu, sino probar los espíritus.
Esto es importante porque no todo lo sobrenatural necesariamente procede de Dios.
Y tampoco todo lo que alguien presenta con palabras cristianas automáticamente viene del Espíritu Santo.
Necesitamos discernimiento.
¿Cómo se desarrolla una vida sensible al discernimiento?
Conociendo profundamente la Palabra.
Pasando tiempo en oración.
Caminando en santidad.
Conociendo el carácter de Dios.
Y permaneciendo sujetos a una comunidad espiritual madura.
Mientras más conoces la verdad, más fácilmente puedes detectar aquello que no corresponde con ella.
Pero nunca uses el discernimiento como excusa para acusar a otros ligeramente.
Discernimiento no es sospecha.
8. Diversos géneros de lenguas
El hablar en lenguas aparece varias veces en el Nuevo Testamento, particularmente en Hechos y en 1 Corintios.
En 1 Corintios 14 Pablo reconoce el hablar a Dios en lenguas, pero también regula cuidadosamente su expresión dentro de una reunión congregacional.
Esto nos enseña algo precioso:
Lo espiritual también puede tener orden.
No necesitamos escoger entre libertad y orden.
Podemos tener ambos.
Cuando las lenguas se ejercen de manera pública como un mensaje dirigido a la congregación, Pablo enseña que debe haber interpretación para que la iglesia pueda ser edificada.
Si no hay interpretación, da instrucciones específicas para guardar silencio en la congregación y hablar para sí mismo y para Dios.
Eso destruye la idea de que el Espíritu Santo produce descontrol.
Al contrario.
El mismo Pablo termina diciendo:
“Hágase todo decentemente y con orden.”
1 Corintios 14:40, RVR1960
El Espíritu Santo no necesita caos para demostrar que está presente.
9. Interpretación de lenguas
La interpretación permite que un mensaje expresado públicamente en lenguas pueda ser comprendido por la congregación.
Y nuevamente encontramos el mismo principio:
edificación.
Porque el propósito no es impresionar a las personas con una experiencia sobrenatural.
El propósito es que la iglesia reciba beneficio.
1 Corintios 14:26 resume extraordinariamente bien el principio:
Todo debe hacerse para la edificación de la iglesia.
Esa frase debería estar grabada en nuestra mente cuando hablamos de cualquier manifestación espiritual.
¿Esto edifica?
¿Esto ayuda?
¿Esto acerca a las personas a Cristo?
¿Esto glorifica a Jesús o está exaltando al ministro?
El don nunca estará por encima de la Palabra
Quiero detenerme aquí porque considero que esta es una de las enseñanzas más importantes de todo el post.
Ninguna experiencia espiritual tiene autoridad para contradecir la Palabra de Dios.
Ninguna.
No importa quién la diga.
No importa cuántos seguidores tenga.
No importa cuántos milagros afirme haber visto.
No importa cuán impresionante suene.
La Biblia sigue siendo nuestra autoridad.
Si alguien dice tener una revelación que contradice claramente la Escritura, no necesitamos cambiar la Biblia para acomodar su revelación.
Necesitamos rechazar esa revelación.
Por eso es tan peligroso querer crecer en dones sin crecer en la Palabra.
Una persona que desea ser usada por el Espíritu Santo debería convertirse también en una persona enamorada de las Escrituras.
Lee la Biblia.
Estúdiala.
Medítala.
Obedécela.
Memorízala.
Porque mientras más llena esté tu mente de la Palabra, más herramientas tendrá el Espíritu Santo para recordarte verdad cuando estés ministrando.
No necesitas una plataforma para usar un don
Quizá aquí está uno de nuestros mayores errores.
Pensamos en dones y automáticamente pensamos en micrófonos.
Pero la mayoría de nuestras oportunidades para servir a alguien ocurrirán lejos de una plataforma.
Puede ser tomando un café.
En tu trabajo.
En tu casa.
En una conversación por teléfono.
Visitando a alguien.
Evangelizando.
En una Casa de Paz.
Después de una reunión.
Mientras alguien te cuenta algo que está viviendo.
Es ahí donde debemos desarrollar sensibilidad.
A veces el Espíritu Santo pondrá en tu corazón:
“Pregúntale cómo está.”
“Ora por ella.”
“Llámalo.”
“Comparte ese versículo.”
“Anímalo.”
“Escúchalo.”
Y quizá estás esperando algo espectacular cuando el primer paso para aprender a ser usado por Dios es simplemente obedecer esas pequeñas instrucciones.
¿Cómo comenzar a usar los dones del Espíritu Santo?
No creo que exista una fórmula mecánica, porque los dones siguen siendo manifestaciones del Espíritu y Él los distribuye conforme a Su voluntad.
Pero sí podemos colocar nuestra vida en una posición de disponibilidad, obediencia y servicio.
- Busca primero al Espíritu Santo, no solamente Sus dones. Cultiva oración, adoración, lectura de la Palabra y comunión con Dios. Queremos conocer al Dador, no únicamente recibir regalos.
- Comienza sirviendo. No esperes tener perfectamente identificado tu don para ayudar a alguien. Sirve donde haya necesidad. Muchas veces descubrimos cómo Dios nos usa mientras estamos sirviendo.
- Obedece las impresiones que estén alineadas con la Palabra. Si viene a tu corazón orar por alguien, anímate a preguntar si puedes hacerlo. Aprende a dar pequeños pasos de fe.
- Permite que otros creyentes maduros evalúen tu crecimiento. Si estás aprendiendo a ministrar proféticamente o en otros dones, permanece sujeto al liderazgo y acepta corrección. Una persona enseñable llegará más lejos que una persona que cree que nunca puede equivocarse.
- Revisa constantemente tu fruto. Pregúntate no solamente cuánto te está usando Dios, sino cuánto te estás pareciendo a Cristo. El objetivo nunca debe ser solamente ministrar mejor, sino amar mejor, obedecer mejor y representar mejor a Jesús.
Cuatro preguntas antes de usar un don
Hay cuatro preguntas que pueden ayudarnos muchísimo.
¿Esto glorifica a Jesús?
El Espíritu Santo nunca trabaja para alimentar nuestro ego. Si todo termina apuntando hacia nosotros, algo necesita ser revisado.
¿Esto edifica a la persona?
1 Corintios 12 y 14 son insistentes en este punto. El objetivo es el beneficio y la edificación de otros.
¿Está de acuerdo con la Palabra de Dios?
Una manifestación que contradice la Escritura no obtiene autoridad simplemente porque alguien diga que vino de Dios.
¿Se está haciendo con amor y orden?
Pablo no nos da permiso de escoger entre amor, poder y orden.
Necesitamos los tres.
No persigas manifestaciones; persigue a Dios
Quiero cerrar esta enseñanza regresando a donde comenzamos.
“Señor, úsame.”
Sigo creyendo que es una oración hermosa.
Quiero que Dios me use.
Quiero ver enfermos sanados.
Quiero ver personas recibiendo palabras que fortalezcan su fe.
Quiero ver milagros.
Quiero ver una iglesia sensible al Espíritu Santo.
Quiero ver creyentes ministrando con poder.
Pero quiero algo todavía más.
Quiero que cuando las personas vean nuestra vida, puedan ver a Jesús.
Porque podemos aprender acerca de todos los dones y todavía perder el centro.
Jesús sigue siendo el centro.
El poder es de Él.
La gloria es de Él.
Los dones vienen de Él.
Los resultados le pertenecen a Él.
Nosotros solamente somos administradores.
Así que vuelvo a aquella frase:
“Los dones te hacen increíble, pero el fruto te hace creíble.”
Que Dios nos dé dones.
Pero también carácter.
Que nos dé poder.
Pero también humildad.
Que nos use públicamente.
Pero que también nos transforme secretamente.
Que podamos profetizar, pero también pedir perdón.
Que podamos orar por milagros, pero también servir cuando nadie nos reconoce.
Que podamos hablar de fe, pero también permanecer fieles.
Que podamos ser usados grandemente y seguir sabiendo que toda la gloria pertenece a Jesús.
El verdadero objetivo no es convertirnos en personas impresionantes. Es convertirnos en personas disponibles para que Jesús pueda ser visto a través de nuestra vida.
Tu reto para esta semana
Esta semana te quiero dejar una tarea sencilla.
Lee con calma 1 Corintios capítulos 12, 13 y 14.
No solamente busques información acerca de los dones.
Pregúntale al Espíritu Santo:
“¿Qué quieres formar en mí y cómo quieres usarme para servir a alguien?”
Después mantén tus ojos abiertos.
Quizá aparezca una persona que necesita oración.
Quizá alguien necesite ánimo.
Quizá Dios te dé sabiduría para una conversación.
Quizá tengas oportunidad de compartir a Cristo.
Quizá el Espíritu Santo simplemente quiera enseñarte a escuchar.
Empieza ahí.
No necesitas fingir.
No necesitas fabricar nada.
No necesitas intentar parecer espiritual.
Solo necesitas estar disponible, conocer la Palabra y obedecer.
Preguntas frecuentes sobre los dones del Espíritu Santo
¿Todos los cristianos tienen los mismos dones?
No. 1 Corintios 12 enseña que el mismo Espíritu distribuye las manifestaciones conforme a Su voluntad. El cuerpo necesita diferentes funciones y ninguna persona debería sentirse superior por la manera en que Dios la utiliza.
¿Podemos pedir dones espirituales?
Sí. 1 Corintios 14:1 anima a procurar los dones espirituales. Pero debemos hacerlo con la motivación correcta: no para sobresalir, sino para servir y edificar.
¿Cómo sé cuál es mi don?
Ora, sirve, estudia la Palabra y observa de qué manera Dios comienza a usarte consistentemente para bendecir a otros. También escucha la confirmación de líderes y creyentes maduros que conocen tu vida. Muchas veces el don se descubre mientras estamos sirviendo, no mientras estamos esperando.
¿Puedo equivocarme al intentar usar un don?
Sí, somos humanos y seguimos aprendiendo. Por eso la Biblia nos enseña a examinar, juzgar y mantener orden. Reconocer que podemos equivocarnos no apaga al Espíritu; nos mantiene humildes y enseñables.
Todo comienza con Jesús
Tal vez llegaste a este post interesado en los dones espirituales, pero antes de buscar los dones necesitas conocer al Dador.
El cristianismo no comienza con una manifestación.
Comienza con Jesucristo.
Jesús murió por nuestros pecados, resucitó y hoy ofrece perdón, salvación y una nueva vida a todo aquel que cree en Él.
Quizá has vivido lejos de Dios.
Quizá conoces acerca de Él, pero nunca le has rendido realmente tu vida.
O quizá sabes que necesitas regresar.
Hoy puedes hacerlo.
Puedes hablar con Dios con sinceridad:
Señor Jesús, reconozco que te necesito. Perdona mis pecados y limpia mi corazón. Creo que moriste por mí y resucitaste. Hoy te recibo como mi Señor y Salvador. Entrégame una vida nueva, lléname de tu Espíritu y enséñame a seguirte, obedecerte y vivir para Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Si hiciste esta oración sinceramente, comienza una nueva etapa.
Busca una iglesia donde Cristo sea el centro y la Biblia sea enseñada, comienza a leer la Palabra, desarrolla una vida de oración y rodéate de personas que te ayuden a crecer.
Y si ya caminas con Jesús, hoy quiero dejarte nuevamente esta pregunta:
¿Para qué quieres un don?
Que nuestra respuesta sea:
“Para servir, para edificar, para amar a las personas y para que Jesús sea glorificado a través de mi vida.”
Nos leemos en el próximo post.
Mil bendiciones a todos.
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