
Hola, familia!!! Este es nuestro primer post de esta nueva etapa.
Espero que en esta nueva temporada pueda contar con tu apoyo y también espero que tu vida pueda ser edificada a través de cada recurso que estoy preparando para ti.
El día de hoy quiero compartirles qué hacer cuando no sentimos la presencia de Dios.
Así que, no les quito más su tiempo y comenzamos...!!!
-----------
Hay momentos en los que hablar con Dios parece fácil. Oras, lees la Biblia, encuentras dirección y sientes que tu relación con Él está viva.
Y hay otros momentos en los que parece que algo cambió.
Oras, pero no sientes nada. Lees la Biblia y las palabras parecen quedarse en la página. Escuchas a otras personas hablar de lo que Dios está haciendo en sus vidas y, aunque te alegras por ellas, por dentro aparece una pregunta que quizá no te atreves a decir en voz alta:
“Dios, ¿dónde estás?”
Tal vez sigues creyendo. No has abandonado tu fe. No has decidido alejarte de Dios.
Simplemente ya no lo sientes tan cerca.
Y cuando esa sensación permanece, pueden comenzar otras preguntas:
- ¿Hice algo mal?
- ¿Dios está molesto conmigo?
- ¿Por qué antes lo sentía y ahora no?
- ¿Por qué Dios no me responde?
- ¿Me estoy alejando de Él sin darme cuenta?
Si estás pasando por algo parecido, quiero acompañarte a mirar esta situación con calma, honestidad y desde la Palabra de Dios.
Porque sentir que Dios está lejos no siempre significa lo mismo.
¿Por qué siento que Dios está lejos?
Sería muy fácil responderte con una frase como: “No te preocupes, Dios está contigo”.
Y sí, hay una verdad importante ahí.
Pero si queremos crecer, necesitamos ir un poco más profundo.
No existe una única razón por la que una persona puede dejar de sentir la cercanía de Dios.
A veces estamos agotados.
A veces atravesamos dolor, pérdida, presión económica, problemas familiares, decepciones o temporadas en las que llevamos mucho tiempo esperando una respuesta.
Otras veces nuestra mente simplemente está saturada.
Trabajo. Pendientes. Mensajes. Redes sociales. Noticias. Problemas. Responsabilidades. Preocupaciones.
Llegamos al final del día intentando hablar con Dios mientras nuestra cabeza todavía tiene veinte conversaciones abiertas.
En esos casos, no sentir a Dios no significa necesariamente que Dios se haya alejado.
Pero existe otra posibilidad que también necesitamos considerar.
A veces esa distancia interior puede convertirse en una invitación a revisar cómo estamos viviendo nuestra relación con el Espíritu Santo.
Sentir que Dios está lejos no significa automáticamente que Él te abandonó
Nuestras emociones son importantes.
Pero nuestras emociones no siempre describen perfectamente la realidad.
Puedes sentirte solo y, sin embargo, estar acompañado.
Puedes tener miedo y seguir estando seguro.
Puedes sentir que nada está avanzando mientras Dios continúa trabajando de maneras que todavía no puedes ver.
La propia Biblia nos muestra personas que atravesaron momentos así.
“¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?”
Salmo 13:1
David tuvo momentos en los que no entendía lo que estaba pasando.
Preguntó.
Lloró.
Esperó.
Se sintió olvidado.
Y algo hermoso es que Dios no eliminó esas palabras de la historia.
Están en la Biblia.
Quizá porque necesitábamos aprender que la fe no consiste en fingir que nunca tenemos preguntas.
Podemos acercarnos a Dios incluso cuando no entendemos lo que está haciendo.
No midas toda tu relación con Dios por lo que sientes
Hay temporadas en las que nuestra vida espiritual está llena de emociones.
Una canción nos conmueve.
Un mensaje parece hablar directamente de nuestra situación.
Un versículo nos llena de paz.
Oramos y sentimos profundamente la presencia de Dios.
Pero no todos los días son así.
También existen días normales.
Te despiertas. Preparas café. Vas al trabajo. Atiendes responsabilidades. Regresas cansado. Haces lo necesario para el día siguiente.
Y no ocurrió ninguna experiencia espiritual extraordinaria.
Eso no significa que tu relación con Dios haya desaparecido.
“Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes.”
Juan 15:4
Jesús no dijo que tendríamos que experimentar algo extraordinario todos los días.
Dijo:
Permanezcan.
Permanecer significa seguir cerca incluso cuando el día parece ordinario.
Seguir hablando.
Seguir escuchando.
Seguir confiando.
Seguir caminando.
Pero también necesitamos hacer una pregunta incómoda
Hasta aquí podríamos concluir:
“No importa que no sienta a Dios. Él sigue conmigo.”
Pero dejar el mensaje solamente ahí podría impedirnos descubrir algo que Dios quiere trabajar en nosotros.
Por eso quiero proponerte otra pregunta:
¿Cómo está hoy mi relación con el Espíritu Santo?
No para que comiences a buscar desesperadamente algo malo en tu vida.
Tampoco para generar culpa.
Sino porque una relación verdadera también requiere honestidad.
¿Qué significa contristar al Espíritu Santo?
Pablo escribió:
“Y no contristen al Espíritu Santo de Dios...”
Efesios 4:30
Esa frase nos recuerda algo fundamental:
El Espíritu Santo no es solamente una emoción espiritual.
No es una energía.
No es únicamente lo que sentimos durante una canción, una reunión o un momento especial.
Podemos tener una relación con Él.
Y esa relación importa.
Una manera muy sencilla de explicar esta enseñanza es la siguiente:
Contristamos al Espíritu Santo cuando hacemos aquello que no debemos hacer.
De hecho, cuando lees el contexto de Efesios 4, Pablo habla de situaciones muy concretas: mentira, enojo destructivo, palabras que dañan, amargura, malicia y maneras de relacionarnos que no reflejan la nueva vida que Dios quiere formar en nosotros.
Esto aterriza el tema inmediatamente a nuestra realidad.
Tal vez sabes que necesitas perdonar, pero continúas alimentando el resentimiento.
Quizá sabes que determinada relación o conversación está dañándote, pero sigues regresando.
Tal vez sabes que necesitas decir la verdad, pero continúas escondiendo algo.
Quizá Dios lleva tiempo señalando una actitud que necesitas cambiar y tú has aprendido a justificarla.
Poco a poco puede comenzar a aparecer una incomodidad interior.
Algo ya no está bien.
Y tal vez no necesitas ignorar esa sensación.
Quizá necesitas escuchar lo que Dios quiere mostrarte a través de ella.
¿Qué significa apagar al Espíritu Santo?
Existe otra expresión muy fuerte en la Biblia:
“No apaguen al Espíritu.”
1 Tesalonicenses 5:19
La imagen es sencilla.
Piensa en un fuego.
Un fuego puede estar encendido y poco a poco comenzar a perder intensidad.
Aplicándolo de manera práctica a nuestra vida, podemos pensar así:
Contristamos al Espíritu cuando hacemos lo que no debemos.
Y podemos apagar su obra en nosotros cuando dejamos de responder a aquello que sabemos que debemos hacer.
Tal vez sabes que necesitas pedir perdón, pero sigues posponiéndolo.
Sabes que necesitas regresar a la Palabra, pero siempre existe algo más urgente.
Sabes que necesitas reconciliarte con alguien.
Sabes que necesitas abandonar algo.
Sabes que necesitas comenzar algo.
Sabes que necesitas ayudar.
Sabes que necesitas obedecer.
Pero pasan los días.
Después las semanas.
Y seguimos sin responder.
Tal vez el problema no es que Dios dejó de hablar.
Quizá dejamos de responder a aquello que ya nos había mostrado.
¿Y si esa tristeza espiritual está tratando de decirte algo?
Aquí necesitamos movernos con cuidado.
No toda tristeza significa que contristaste al Espíritu Santo.
No todo cansancio espiritual significa que estás desobedeciendo a Dios.
Sería injusto y poco bíblico convertir cada emoción difícil en una acusación.
Pero tampoco deberíamos ignorar la posibilidad de que esa incomodidad interior esté llevándonos a revisar nuestra relación con Dios.
Cuando amamos a alguien y sabemos que algo no está bien entre nosotros, lo sentimos.
Hay una tensión.
Sabemos que existe algo pendiente.
Algo necesita hablarse.
Algo necesita repararse.
En nuestra relación con Dios también puede suceder algo parecido.
Por eso, quizá hoy, además de preguntar:
“Dios, ¿por qué te siento tan lejos?”
podrías hacer una oración diferente:
“Espíritu Santo, si existe algo en mi vida que está dañando mi relación contigo, muéstramelo. Y si hay algo a lo que me has estado llamando y no he querido responder, ayúdame a verlo y dame el valor para obedecer.”
Convicción no es lo mismo que condenación
Este punto es muy importante.
Porque cuando comenzamos a examinar nuestra vida podemos caer fácilmente en culpa, vergüenza y acusación.
Y ese no es el propósito.
Existe una diferencia entre ser condenado y ser convencido de algo que necesita cambiar.
La condenación te dice:
“Fallaste. Ya no eres digno. Aléjate de Dios.”
La convicción del Espíritu te muestra algo de una manera diferente:
“Esto está dañándote. No quiero dejarte aquí. Ven, vamos a tratarlo.”
Una voz te lleva a esconderte.
La otra te invita a regresar.
Dios no muestra aquello que necesita cambiar en nosotros porque disfrute haciéndonos sentir mal.
Lo hace porque nos ama.
Porque quiere libertad.
Porque quiere crecimiento.
Porque ve hacia dónde nos está llevando.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
Romanos 8:1
Tal vez Dios no se alejó: quizá hay algo a lo que necesitas responder
Esta pregunta puede cambiar completamente la manera en que estás viviendo este momento.
Tal vez llevas semanas diciendo:
“Dios, háblame.”
Pero ¿y si Él ya te habló acerca de algo?
Tal vez lo hizo mientras leías.
Durante una conversación.
A través de una enseñanza.
Mediante esa incomodidad que aparece cada vez que piensas en determinada situación.
Y quizá has estado esperando una nueva palabra cuando todavía no has respondido a la anterior.
No necesitas buscar experiencias más intensas.
Quizá necesitas obedecer algo sencillo.
¿Qué hacer cuando no sientes a Dios?
No quiero darte una fórmula de cinco pasos que prometa que mañana despertarás sintiendo algo espectacular.
La vida con Dios no funciona así.
Pero sí quiero proponerte algunos pasos sencillos y reales.
1. Habla con Dios sin intentar impresionarlo
No necesitas utilizar palabras especiales.
Si estás confundido, dilo.
Si estás cansado, dilo.
Si estás enojado, háblalo.
Si no sabes qué decir, puedes comenzar exactamente por ahí.
“Dios, no sé qué me está pasando. Quiero estar cerca de ti, pero últimamente te siento lejos. No quiero fingir. Muéstrame qué está pasando dentro de mí y enséñame a caminar contigo también en esta etapa.”
2. Pregunta antes de asumir
En lugar de concluir inmediatamente que Dios te abandonó, pregúntate:
- ¿Estoy emocional o físicamente agotado?
- ¿Hay demasiado ruido en mi vida?
- ¿Estoy atravesando una temporada de espera?
- ¿Hay algo que estoy haciendo y sé que necesito dejar?
- ¿Existe algo que sé que debo hacer y sigo posponiendo?
3. Abre la Biblia para escuchar, no solamente para cumplir
No necesitas comenzar leyendo diez capítulos.
Puedes comenzar con el Salmo 13.
Son pocos versículos.
Léelos lentamente.
Observa cómo David comienza preguntando “¿Hasta cuándo?” y termina recordando el amor de Dios.
El problema no desapareció mágicamente durante esos versículos.
Pero algo comenzó a cambiar dentro de David.
Esa es una de las cosas que la Palabra hace en nosotros.
No siempre cambia inmediatamente nuestras circunstancias.
Muchas veces comienza transformando la manera en que las enfrentamos.
4. Si Dios te muestra algo, responde
Este puede ser el paso más importante.
Si mientras oras viene claridad acerca de algo que necesitas cambiar, no conviertas ese momento en otra reflexión bonita.
Responde.
Pide perdón.
Perdona.
Habla.
Cierra esa puerta.
Pide ayuda.
Regresa.
Comienza.
Obedece.
Porque nuestra relación con Dios no crece solamente cuando aprendemos más acerca de Él.
También crece cuando respondemos a lo que Él nos está mostrando.
Prueba esto durante los próximos siete días
No construyas un plan espiritual tan complicado que abandones en tres días.
Haz algo sencillo.
Aparta diez minutos al día.
Deja el teléfono lejos.
Abre un Salmo.
Lee lentamente.
Y después escribe o piensa en estas cuatro preguntas:
- ¿Qué estoy sintiendo realmente?
- ¿Qué descubro aquí acerca de Dios?
- ¿Hay algo que el Espíritu Santo está señalando en mi vida?
- ¿Cuál es una respuesta concreta que puedo dar hoy?
Después habla con Dios.
Algunos días sentirás mucho.
Otros días quizá no.
Continúa.
Porque estás desarrollando algo más profundo que una emoción momentánea.
Estás aprendiendo a permanecer y a responder.
Entonces, ¿Dios realmente está lejos?
Tal vez llegaste hasta aquí buscando una respuesta rápida.
Pero quizá necesitas algo mejor que una respuesta rápida.
Necesitas una conversación sincera con Dios.
Puede ser que estés atravesando una temporada en la que necesitas aprender a confiar aunque todavía no sientas.
Puede ser que estés cansado y necesites recuperar espacio para escuchar.
O puede ser que el Espíritu Santo esté llamando tu atención hacia algo que necesitas dejar, enfrentar o comenzar.
No necesitas vivir con miedo intentando descubrir cuál de todas es.
Puedes acercarte a Dios con confianza.
“Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes.”
Santiago 4:8
Acércate como estás.
Con preguntas.
Con cansancio.
Con dudas.
Con cosas que necesitas cambiar.
Con cosas que todavía no entiendes.
Y mientras te acercas, aprende también a escuchar.
Quizá hoy la pregunta no sea solamente:
“Dios, ¿dónde estás?”
Tal vez también necesitamos preguntar:
“Espíritu Santo, ¿hay algo a lo que necesito responder?”
Y si Él pone algo delante de ti, no tengas miedo.
Dios no está buscando una razón para alejarte.
Está formando en ti una vida cada vez más cercana a Él.
Quizá el siguiente nivel de tu relación con Dios no consista en sentir emociones más intensas.
Quizá consista en conocerlo mejor, permanecer cuando no sientes y responder cuando Él habla.
Hoy no tienes que resolver toda tu vida espiritual.
Solo necesitas dar el siguiente paso.
Acércate. Escucha. Y responde.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Si Dios habló a tu vida a través de este recurso, me gustaría saberlo. Cuéntame lo que Dios está haciendo en tu vida. Te leo en los comentarios. BENDICIONES!!!